A modo de introducción.

Voy a crear un blog.

Me dije esto a mí mismo hace un par de días, un poco de súbito. Había jugueteado con la idea un par de veces en el pasado pero siempre encontré una excusa para no hacerlo—principalmente pereza, pero también temor porque no se me ocurría qué diantres escribir, o la idea de que probablemente nadie lo leería y resultaría siendo una pérdida de tiempo—. Esta vez, no obstante, ha podido más la creciente necesidad que me invade de no guardarme lo que pienso, lo que siento: con el tiempo me he dado cuenta de que cuando uno calla demasiadas cosas que quiere decir eso le termina pasando factura en el futuro. O también hay casos donde las dice, pero de forma desenfocada y en espacios equivocados, de manera que se pierden por completo y es como si jamás se hubieran dicho. Es algo con lo que he luchado prácticamente toda mi vida y estoy ansioso de un cambio. Ahora entiendo que encontrar un canal de expresión adecuado y estable es una búsqueda que preocupa a la mayoría de la gente y yo no soy la excepción. Este es el que elijo ahora. Tengo la esperanza de que poniendo mis pensamientos por escrito, especialmente aquellos que me causan intranquilidad y ocupan mi atención de manera singular, me podré sentir algo más ligero y honesto conmigo mismo y los demás. Tendré una manera de decir lo que hasta ahora no he podido. Si se me permite una referencia a la saga de Harry Potter, veo mi relación con este blog como aquella que tenía el gran Albus Dumbledore con su Pensadero. Se trataba de un artefacto mágico con forma de pozo donde Dumbledore ponía recuerdos o pensamientos que extraía de su mente por medio de un hechizo. Allí podía examinarlos y observarlos a placer, pero ya no ocupaban su cabeza, se libraba de ellos. Siempre me ha parecido una idea fantástica la de poder deshacerse de pensamientos dolorosos o difíciles sin que desaparezcan. Y aunque naturalmente un blog no es lo mismo, creo que en menor grado puede terminar cumpliendo un propósito similar. Quiero que lo que escriba salga de mi cabeza y se quede aquí para ser analizado y considerado, pero ya sin dominar mi mente. Si consigo esto —que no es poca cosa—daré por cumplido mi objetivo.




¿Pero por qué un blog? Después de todo se trata de un formato ya pasado de moda, casi podría decirse obsoleto, que parece condenado a perderse en el marisma de redes sociales y páginas de Internet. Quizá valga la pena una explicación.

Desde que tengo memoria he sabido que hablar no es exactamente mi fuerte. Aún hoy con veinticuatro años me encuentro constantemente haciendo pausas larguísimas en búsqueda de la palabra correcta, terminando una oración y arrepintiéndome inmediatamente de cómo la dije (y a veces también de lo que dije, claro está), olvidando el término correcto para usar. No iría tan lejos como para afirmar que hablo “mal” per se, pero tampoco puedo negar que cuando hablo no soy tan preciso como quisiera la mayoría de las veces y la falta de tiempo hace que lo que digo se sienta crudo e incompleto, por lo cual también me parece que mi comunicación con los demás podría ser mucho mejor. Cuando escribo no me sucede lo mismo: naturalmente hay toda otra serie de desafíos con las que uno se encuentra cuando echa mano del esfero o teclado en lugar de la voz, pero lo cierto es que cuando estoy escribiendo siento que soy dueño de lo que estoy diciendo de una manera muchísimo más auténtica que cuando hablo. El tiempo y el espacio que otorga la palabra escrita para la ponderación cuidadosa de lo que se va a decir me parecen dones inigualables y tengo la sensación de que es allí donde mis habilidades comunicativas, sean muchas o pocas, salen a relucir verdaderamente y puedo hacerme entender de manera auténtica, si bien jamás perfecta. Es por esto que cuando tengo una opinión o sentimiento que realmente quiero comunicar usualmente lo hago a través de Facebook o Twitter, las dos redes sociales que uso con mayor frecuencia, pero recientemente se han quedado cortas. Hay textos que sencillamente no se prestan para el formato de una publicación en el muro o un trino. A veces uno quiere escribir algo más largo o estructurado, algo que no desaparezca entre memes, noticias falsas y comentarios y a lo cual el lector le pueda dedicar unos minutos más que los que gastaría en estas redes. Y dado que no tengo dinero para una página propia y que no necesito más que un repositorio esporádico para mis ideas el blog me parece el formato idóneo, al menos para empezar.

La otra pregunta que me parece importante responder es qué atractivo podría tener este blog para un lector. ¿La respuesta? Realmente no lo sé. No puedo garantizar que lo que escriba aquí sea interesante, original ni profundo. Tan sólo puedo prometer que será honesto, auténtico y libre de errores ortográficos, un reflejo de lo que soy. Al mismo tiempo tengo muy claro que lo que diga probablemente le parecerá aburrido, tonto o equivocado a muchos que hipotéticamente lo lean. Pero no me preocupa: este espacio está pensado para ayudarme a mí en primer término, así que si alguien más halla algo de interés en él, fantástico, pero si no, no pasa nada tampoco. Eso sí, para variar un poco el contenido y no quedarme siempre en el mismo tipo de textos que pienso poner bajo la ambigua etiqueta de “Reflexiones” tengo la intención de escribir reseñas de libros, películas y series de televisión que me llamen especialmente la atención. Siempre me ha gustado discutir y analizar obras de arte y me gustaría hacerlo de una manera un poco más formal. Ojalá sean del agrado de otros con inclinaciones similares.

Para terminar quisiera decir que casi nada de lo que escribí aquí más allá de mis intenciones con el blog es fijo. Es probable que con el tiempo el tipo de cosas que publique evolucione, lo cual de hecho espero. Me alegraría mucho si con algo de práctica lograra escribir textos más sucintos y sustanciosos que este y volverme más eficiente (me tomó tres horas escribir las cerca de mil cien palabras de esta entrada. Eso tendrá que cambiar). Tampoco sé con qué tanta frecuencia vaya a publicar, y puede ser que un día me canse y no lo actualice más. Pero por ahora, por hoy, quiero iniciar este proceso y ver a dónde me lleva. Si no me gusta por lo menos tendré la satisfacción de haber hecho el ensayo. Así que, estimado lector o lectora, espero que cuando se pase por aquí lea algo que le parezca entretenido o que cuando menos haga que detenga su rutina diaria y reflexione por unos breves minutos. Nada más puedo pedir.

Comentarios

  1. Asi no sea un pensadero real, ¿Por qué no habria de ser magia real?
    También he sentido que entre tantos pensamientos, es posible terminar abrumado y desorientado, pero encuentro refugio en tus palabras que, al igual que las mías, van por el mismo camino de liberación y redención; encuentro aquí honestidad y coraje, verdaderas cualidades de un Gryffindor.
    ¡Éxitos en esta nueva aventura! Ya tienes una intrigada seguidora.

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